Es un tema recurrente en mí. No sé si será curiosidad, o ese miedo escondido a lo desconocido (aunque parezca Belen Francese rimando) que supuestamente todo ser humano sufre. Pero siempre tengo presente a la muerte. Claro que hay situaciones cotidianas que a uno lo hacen pensar aún más.Mientras un amigo de la infancia se debate en este momento entre la vida y la muerte en el Hospital Interzonal, luego de pegarse un palo terrible en moto (venía a 170 km/h por Av Luro a las 3 de la mañana y se le cruzó un perro, al cual agarró al medio justito; el casco le salvó la vida) mis dudas aumentan y el tema se me hace constante en la cabeza. ¿Qué me genera la muerte? O mejor dicho: ¿qué nos genera?
Hay algo curioso: en una vida llena, repleta, atestada de imprevistos, la única certeza que tenemos desde que nacemos, es que nos vamos a morir. Que nada es eterno (ni siquiera la electrónica japonesa, tarde o temprano se rompe) y que tarde o temprano, la historia se termina. Es precisamente eso lo que no termino de asimilar, es decir: ¿cómo es? A priori -creen algunos- es como cuando dormís, o sea no te das cuenta de todo lo que pasó, sobre todo si sos de sueño pesado. Para otros, la cuestión religiosa es vital y el paraíso y el reencuentro con todos los seres queridos ya fallecidos es la opción.
Sin embargo ninguna me convence. Y como me gusta ser el distinto, a mí se me ocurrió que a lo mejor, una vez muerto, comenzás a soñar otra vida. Con lo cual, en este momento nosotros estamos soñando esta vida porque en realidad ya nos morimos antes, si tener idea de quién éramos. Ojo, nada tiene que ver con la reencarnación. Acá hablamos de que, en realidad, todo es un sueño, que se renueva cada ciclo. Pero no me quiero ir del tema.
No entiendo como puede ser que aún sabiendo de entrada que nos vamos a morir, uno nunca esté preparado para la muerte de un cercano o de un ser querido. Porque de última, bueno, en la de uno mismo a lo mejor ni te das cuenta. Y como se dan las cosas, porque cuando vivo este presente sombrío, mientras todos hacemos fuerza por mi amigo Fede, justo engancho en la radio a un tipo que dijo ser “tanatólogo”, aquellos que analizan la muerte y tienen por misión ayudar a la gente a realizar el duelo correspondiente.
Y decía que un buen velatorio es vital, porque le permite al familiar despedirse como corresponde. Algo así como verlo ahí, sabiendo que está muerto, haciéndose a la idea que de última, cuando piense en él, sepa que está ahí, de manera que no quedan dudas de su destino final. Qué se yo, a mí me suena todo muy loco. Casi que no lo comprendo. Y para cerrar, porque me estoy yendo muy largo (bueno che, tenía que volver con todo), también me sorprendo a mí mismo la fantasía que me generan los cementerios y el gusto que mostrado por ellos. De hecho, me encanta recorrer cementerios, hacer cálculos de cuánto vivió la gente. Las construcciones de época, las grandes parcelas. Siempre me llamó la atención.
Bueno, básicamente eso. Dije de todo. Y no dije nada.







